Hace poco recordé la historia de un doctor diagnosticado con espondiloartritis anquilosante.
Una condición dolorosa, progresiva, limitante.
Los médicos le dijeron que no había mucho por hacer.
Pero él decidió buscar, intentar, explorar.
Probó la rizoterapia…
y aunque no fue una “cura milagrosa”,
su dolor disminuyó, su movilidad mejoró,
y su vida cambió.
No es magia.
No es negar la ciencia.
Es abrirse a posibilidades.
Siempre existen caminos que no hemos probado,
herramientas que no conocemos,
pequeños cambios que pueden brindarnos alivio.
A veces, la diferencia entre seguir igual
o mejorar un poquito
está en atreverse a intentarlo.
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