No necesitas grandes transformaciones para sentirte mejor.
A veces, la vida empieza a cambiar
con cosas tan pequeñas como:
• Respirar profundo tres veces.
• Apagar el celular por diez minutos.
• Escribir dos líneas en un cuaderno.
• Estirar el cuerpo antes de acostarte.
• Tomar agua con calma.
• Poner música suave.
La sanación no siempre se siente como un milagro.
A veces se siente como un susurro.
Un pequeño hábito repetido cada día
puede convertirse en el ancla que te sostiene
cuando todo lo demás se mueve.
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